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Sensores sobre la piel que detectan el COVID-19

Sensores sobre la piel

¿Sensores para la piel para detectar el COVID-19? Desde hace un par de años, científicos investigan e intentan innovar en micro tecnología y circuitos flexibles. La utilización de estos materiales es para el uso en prendas de vestir y sensores portátiles.

Partiendo desde esta terminología, científicos de la universidad de Pensilvania lograron desarrollar un nuevo tipo de circuito flexible. Este material tiene la capacidad de imprimirse en la piel, justo como lees, como si fuese un tatuaje para detectar síntomas relacionados con el COVID-19.

Una vez más podemos ver como la humanidad utiliza las adversidades para salir adelante como especie. La pandemia no solo atrajo situaciones difíciles, también atrajo a científicos dispuestos a innovar en nuevas tecnologías.

sensores sobre la piel

¿Cómo funciona este Tatuaje Detector de COVID-19?

 

Parece una tecnología demasiado futurista como para creerla ¿Verdad? Pues la verdad es que sus componentes resultan ser bastante comunes, aunque armarlo y hacer que funcione no lo es. Su trabajo no es algo de otro mundo, lo que hace es un registro de la temperatura corporal, la saturación de oxígeno en la sangre, el pulso cardiaco y la humedad.

Los registros realizados por este sensor son indispensables para la detección sin verídica del virus COVID-19. Según sus creadores, el margen de error que posee es menor al 1%, haciéndolo más eficiente que los sensores de calor utilizados hasta el momento.

Después de imprimirse sobre la piel, el circuito flexible mantiene cada una de sus propiedades electroquímicas. Gracias a sus propiedades hace posible el registro de datos referentes al virus.

Sensores sobre la piel

¿Es peligrosa la utilización de estos sensores sobre la piel?

 

Los científicos de Pensilvania aseguran que es totalmente seguro e indoloro tanto la impresión del sensor como la extracción del mismo. Gracias a su arduo trabajo lograron crear un material capaz de soldarse a la piel sin causar ninguna molestia al usuario.

Los creadores cuentan que al principio no fue nada sencillo, ya que unir los distintos componentes metálicos resultaba una tarea peligrosa. Ya que para unir los circuitos que conformaban al sensor era necesaria la utilización de temperaturas que oscilaban los 300° C.

Imaginen intentar soldar algo en su piel a esa temperatura, sufriría horribles quemaduras de tercer grado. Los científicos estuvieron a punto de tirar la toalla hasta que les llegó una nueva oportunidad de mejorar su proyecto.

La solución para esto es simple, reducir de alguna manera la temperatura para que la utilización del sensor fuese segura y práctica. Para esto utilizaron una crema para aislar la superficie de la piel hecha con alcohol poli-vinílico y carbonato de calcio.

Sensores sobre la piel

Ya con esta crema aplicada es posible la impresión de una capa súper fina de componentes metálicos sobre la piel a temperatura ambiente. Después de esto se fijan los circuitos con aire caliente, todo esto sin lastimar o incomodar a la persona que se le esté aplicando.

Una vez terminado el objetivo del sensor, la extracción será igual de indolora que la aplicación del mismo. Con un poco de agua caliente podrás retirar el sensor e incluso podría ser reciclable, ya que al retirarse el sensor queda intacto, al igual que la piel.